Iniciando mi segundo trimestre fuimos de viaje a Berlín.
Yo seguía como si no estuviera embarazada. Apenas había ganado peso y seguía sin tener ninguna molestia, pero empezaron a aparecer algunos cambios relacionados con el embarazo. Tras cada cepillado dental me sangraban bastante las encías y las tenía siempre inflamadas y empezaba a entrar con dificultad en mis apretados vaqueros.
Durante el viaje noté que mi hambre había aumentado considerablemente. Berlín me daba hambre y mi pequeña habichuela más. Caminé como nunca y por la noche me sentía tremendamente cansada. Cada vez tenía más claro que era el último viaje por mucho tiempo. No me veía más adelante pegándome esos pateos para ver una ciudad.
Durante los días que estuvimos fuera mi vientre se hinchó bastante y pensé que aquello había crecido de golpe, pero en cuanto llegamos a Madrid volvió a deshincharse. Creo que la alimentación de allí, estar fuera de casa, el cambio... y tal vez retuve mas líquidos.
Una vez en Madrid la cosa se estabilizó y mi vida rápidamente volvió a la normalidad.
Fue en el quinto mes cuando noté como la tripa se me redondeaba como si tuviera una pelotita en la zona baja de el vientre. Parecía que ya se notaba bastante, al menos yo notaba mucho más cambio del que había sentido hasta entonces. La gente no me lo notaba, pero en mi caso no me lo han notado hasta casi el noveno mes.
Otro cambio que experimenté durante este segundo trimestre fue una especie de hormigueo en las manos. En un principio no le di mucha importancia, pero a parte de no quitarse fue en aumento. Acabó alargándose a todo el brazo y me duro hasta semanas después del parto.
Creo que el segundo trimestre fue la mejor parte de el embarazo. Además a las 20 semanas me hicieron una ecografía donde se veía perfectamente la cara. No quería lanzarme pero.... se parecía claramente a EL. La gente decía que no podía ser, que era solo una ecografía y que lo mío ya era amor de esposa, madre... que me hacia ver aquel parecido.
Esa ecografía lo cambio todo. Por fin le veía la cara. Me emocioné mucho y lloré, omo no. Creo que he llorado en todas. Me le imaginaba allí metido, en mi minicuerpo y mi minibarriga y le sentía tan bueno que me daban ganas de llorar. Me imagino que le veía indefenso y que yo estaba en plena revolución hormonal.
Me pasaba horas cada día viendo esa ecografía y pensando cuando llegaría el momento de tenerle en brazos.
Cada vez pensaba más en el parto. No tenía miedo. Siempre confié en mi cuerpo, pero me daba miedo que me podían hacer en el hospital. Que fuera un parto muy instrumentalizado y que a fin de cuentas no fuera un parto respetado.
Empecé a mirar hospitales aunque ya tenía bastante inclinación por lo que había leído por el Hospital de Torrejón.
Este segundo trimestre coincidió con una ola de calor que me tenía atolondrada. Dormía fatal por las noches, sumado a que cada vez estás más intranquila. Era horrible y eso que yo no estaba muy avanzada. Pensaba en mis dos amigas también embarazadas de 3 meses más que yo y me apiadaba de ellas. Maldita ola de calor!
