Hicimos el test de embarazo un domingo y el lunes ya estaba sin ningún síntoma.
Ni mareos, náuseas... nada de nada. Tal vez un poco más cansada pero no sabía si era de tanto pensar. 24 horas pensando en lo mismo.
Mi pareja (ÉL) estaba como yo, muy ilusionado y extraños. Deseosos de que llegara la cita con el tocólogo y confirmara realmente que era un embarazo y no cualquier otra cosa... yo que se! un quiste o algo que hubiera retrasado mi regla, pero ¿y el test de embarazo? Es obvio que me costó mucho asimilar la idea de que estaba creciendo una vida en mi vientre. Me atrevería a decir que me costó casi los 9 meses.
Entre que te haces la prueba, que vas al médico, que te manda al tocólogo... te pones casi en las 8 semanas. Estamos hablando de dos meses, por lo que prácticamente ha pasado más de la mitad del primer trimestre. Si encima te pasa como a mi que no tienes ningún síntoma pues más rápido todavía.
En la semana 12, aproximadamente, me realizaron otra ecografía. Se veía tan claro que era un bebé y no un quiste... Me emocioné mucho al ver la imagen en la pantalla. Cuando me dieron los datos para la detección de enfermedades cromosómicas y ver un resultado tan bajo suspire de alivio. Otra vez el mundo se había encargado de recordarme los múltiples riesgos que sufría por haber retrasado taaaantooo mi maternidad. Mentira! Estaba todo perfecto y crecía en mi vientre un bebé sano.
Yo siempre le decía a ÉL que sería un niño clavado a él. Se lo había prometido. Quería animarle de la perdida de su ser querido haciendo promesas absurdas que por lo menos en el momento le sacaban una sonrisa.
En esta visita nos dijeron que parecía un niño. Sonreímos, porque mis promesas parecía que se iban cumpliendo, aunque aún era demasiado pronto. Habría que esperar a la próxima ecografía para tener un resultado más fiable.
Y así, en una sucesión de idas y venidas a tocólogo, matrona, ginecólogo se paso el primer trimestre. He de confesar que no soy mucho de médico, al contrario. Durante 3 años he tenido un herbolario y reconozco que al tener tan a mano productos naturales me convertí en mi propia curandera haciéndome remedio para todo tipo de dolencias comunes. La medicina está para otra cosa y lo mismo pensaba con el embarazo. Me encantaba hablar con mi matrona, Nina, pero no entendía esas visitas rutinarias que no sacaban ninguna información relevante, excepto cuando había análisis y ecografía.
La matrona era todo calidez, y los especialista frialdad. No te explicaban casi nada. Siempre serios y si preguntabas te explicaban lo mínimo....
Pues sin darme cuenta finalizábamos mi primer trimestre. Para celebrarlo planeé nuestro viaje a Berlín. Creo que era una manera de despedirme de los viajes, nuestro hobby preferido, durante un largo período.
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